Botella de gres cocida en horno Anagama


Las botellas que te presentamos aquí se inspiran en las primeras botellas de ginebra menorquina. Ahora se hacen de vidrio, pero las primeras, como estas, se fabricaron con gres, que protege muy bien los licores.

Cocidas en un horno japonés Anagama, su aspecto final es impredecible. Depende de cómo las golpee el fuego, de cómo baile el aire caliente entre ellas, de cómo la ceniza decida posarse y fundirse... Por eso no hay dos iguales, ni siquiera parecidas. Cada una, con sus matices, cuenta su historia.

Esta entró blanca en el horno y el fuego la golpeó en un lateral durante la cocción. De ahí la parte anaranjada. Nos encanta esa gota esporádica de esmalte en mitad del cuerpo, se trata de ceniza fundida de alguna otra botella que se colocó encima.

Estas botellas se realizan solo por encargo y tardarás unas seis semanas en recibirla. Pero te aseguramos que la espera merecerá la pena.

MEDIDAS

25 cm. de alto aproximadamente

Jarra de gres cocida en horno Anagama

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Joan Pere heredó de su madre el oficio de ceramista. Inspirado por la filosofía japonesa, decidió darle un cariz más artístico a su trabajo sin dejar de hacer cerámica utilitaria. “No creo que haya que hacer objetos de exposición para considerarlo arte. El arte puede estar en nuestros objetos cotidianos”.

Cuando llegó a la Escuela de Cerámica de Mallorca quedó fascinado por el fuego y vendió sus vinilos para comprar ladrillos y construir un Anagama, un horno japonés en el que la llama golpea directamente la pieza.

Le gusta trabajar con un torno de pie. Al tener que coordinar manos y pies, las piezas tienen ciertas deformaciones y esto le parece “más humano”. Huye de la perfección y la simetría.

Para la cocción utiliza hasta una tonelada y media de madera de pino, abundante en Mallorca, y por su carácter resinoso, una de las mejores para la combustión. Cada una cocción se alarga entre 20 y 24 horas y alcanza temperaturas de entre 1.260 y 1.300 grados centígrados.

Del horno salen entre 80 y 100 piezas. Realizadas inicialmente con una pasta blanca de gres y chamota, estas toman tonos ocres y marrones irregulares. Al ser una cocción tan larga, la ceniza se funde y volatiliza, esmaltando las piezas e impermeabilizándolas. A veces, Joan Pere las distribuye tumbadas o incluye elementos como conchas marinas, que consiguen acabados aleatorios e inesperados. “Busco el accidente porque me cuenta cosas diferentes en cada pieza”.

A Joan Pere le gusta pensar que sus piezas permiten disfrutar de esos placeres cotidianos que nos hacen más felices. “Hace unos meses una pareja joven compró dos de mis boles para desayunar. Costaban 50€ cada uno. Cuando vinieron a recogerlos, comprobé que llevaban un coche en muy mal estado. Entonces fui consciente del esfuerzo que suponía para ellos comprarlos. Pero ellos querían celebrar así cada desayuno juntos. Y eso me emocionó”.

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