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Sombrero 'Es Pagès'


 

El sombrero que te presentamos es el tradicional de payés mallorquín, el que han llevado -y todavía llevan- los campesinos en la isla para protegerse del sol en el campo.

Los diseños masculino y femenino difieren un poco y nosotros hemos hecho un mix entre ambos. La forma recta en la corona corresponde al de hombre, pero el lazo negro pertenece al modelo femenino.

Míralo con calma y de cerca. Verás que la fabricación de este sombrero ha sido totalmente artesanal y que no ha intervenido otro material más que palmito de la montaña del Noreste de Mallorca. Incluso las costuras son de palmito.

Para hacer un sombrero de este tipo, se utiliza en torno a kilo y medio de palmito (contando taras y deshechos) y unas 5 horas de trabajo, sin contar el mes necesario para recoger el palmito y tratarlo para que se pueda trabajar con él.

Conoce nuestro artesano Guillem

Guillem ha perdido la cuenta de cuántas generaciones de su familia han trabajado con el palmito. Ni tan siquiera se acuerda con precisión a qué edad empezó él: “Siempre ha sido así. Cuando tenía cinco años y salía de la escuela, mi madre ya me pedía cada día que hiciera una trenza de palmito antes de ir a jugar o incluso de hacer los deberes”. Luego comenzó a acompañarla al taller donde trabajaba. Allí terminó de aprender el oficio y, con ello, unas 30 formas distintas de trenzar el palmito. Hoy es uno de los pocos, sino el único, que se dedica a ello en Mallorca.

Hasta hace unas décadas, el trabajo del palmito era muy típico en el noreste de la isla. Guillem recuerda hasta 8 o 9 talleres, cada uno de ellos con más de cincuenta mujeres trabajando. Pero el auge del turismo, con mejores salarios y condiciones de trabajo, dejó al sector sin mano de obra. La familia de Guillem fue de las pocas que mantuvo el oficio.

Los bolsos y sombreros de palmito hechos de forma artesanal no se hacen cosiendo piezas distintas, sino haciendo trenzas de unos 18-20 metros, que, a su vez, se van trenzando entre ellas.

La calidad del palmito es crucial. Nuestro artesano Guillem lo recoge con sus propias manos en las montañas de Mallorca. La colecta solo se puede hacer en verano, cuando no hay rocío y el palmito está seco. Se guarda 10-12 días para que mustie. Después se corta el tronco y se mete otros doce días en unos hornos de humo de azufre. El azufre decolora el palmito y le da flexibilidad para que pueda doblarse. Tras sacarlo del horno, se eliminan las zonas más feas y se cortan todos iguales. Después se hacen montones en función del tacto y del color. Unos servirán para teñir y bordar, otros para cestería, otros para hacer asas, otros para alfombras...

Guillem dice que, al estar solo, no le falta el trabajo. Sin embargo, no le gusta ser el último que queda en este oficio en Mallorca. Le visitan japoneses que le piden que les enseñe para replicar su trabajo en casa, pero en la isla todavía no ha encontrado a quien pasar su legado.

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